LUPUS


El Lupus eritematoso sistémico, denominado LES o Lupus es una enfermedad autoinmunitaria crónica que afecta a la piel o tejido conjuntivo por inflamación, así como a las articulaciones, riñones, hígado, pulmones y sistema nervioso.

 

La enfermedad es impredecible, con brotes de crisis alternados con estados más leves.

 

El lupus se presenta más comúnmente en asiáticos y africanos y se manifiesta casi en 9 veces más en las mujeres que en los hombres. Sobre todo en la edad fértil femenina entre los 15 a 44 años de edad y con mayor incidencia en la población femenina de origen afroamericana e iberoamericana.

 

No existe una cura completa y el tratamiento se basa en la medicina convencional con dosis bajas sobre todo de corticoesteroides, inmunosupresores y antipalúdicos que pueden controlar la enfermedad y prevenir brotes, ante los síntomas de fiebre, fatiga, erupciones de la piel, inflamación de los ganglios linfáticos, dolores de cabeza, arritmias, anorexia y problemas respiratorios.

El lupus no es contagioso, es decir, no puede contagiarse a través de otra persona.

 

El lupus puede ser difícil de diagnosticar. Las señales del lupus varían de una persona a otra. Algunas personas tienen sólo algunos síntomas, otras pueden tener más. No es común que una persona tenga todos los síntomas posibles.

 

Las personas con parientes que sufren de lupus eritematoso sistémico tienen un riesgo ligeramente más elevado de padecerlo que la población general. Una persona con uno de los padres o un hermano con la enfermedad tiene un 10% más de posibilidad de desarrollar dicha enfermedad. Solo el 5% de los niños nacidos de padres con lupus desarrollará la enfermedad.

 

Al tratarse de una enfermedad autoinmune hay distintos factores que pueden provocar lupus. Entre ellas la genética, la ambiental por la exposición a la luz solar, ya que muchos individuos con lupus tienen fotosensibilidad a los rayos ultravioletas. Y por último la incidencia hormonal, en especial los estrógenos femeninos.

 

El tratamiento natural de esta enfermedad autoinmune se basa en reforzar las defensas naturales, para ello el tratamiento alternativo y complementario a la medicina convencional se basa en tener una dieta adecuada que incluya una ingesta de Vitaminas del grupo B con cereales integrales (trigo, avena, cebada, etc.), con frutos secos comiendo avellanas y almendras, y verduras destacando la coliflor, espinacas, lechuga, rábanos, col y endibias sobre todo.

 

Se debe integrar la Vitamina A con los carotenos y de ellos mejor los betacarotenos provenientes de los boniatos, zanahorias, calabaza, borraja, espárragos y tomate.

 

La Vitamina C, gran antioxidante corporal y necesaria para absorber mejor tanto la Vitamina A como E, hará que asimilemos mejor el hierro, el calcio y algunos aminoácidos indispensables. Para ello debemos consumir pimientos y cítricos (limones, naranjas, pomelos, etc.)

 

Desde la fitoterapia no podemos olvidarnos de la versátil equinacea para aumentar las defensas, por sus propiedades antimicrobianas y ser un antibiótico natural. Tomar infusiones.

 

También las infusiones de regaliz, guayaba o comer chufas o la rica horchata de ella, nos favorecerá el sistema inmunológico.

 

Se ha demostrado que comer setas tipo shiitake y maitake hará que aumentemos nuestras defensas corporales, reforzando el sistema inmunitario frente al Lupus.

 

Vídeo animación sobre el lupus: